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El uro

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El Uro

Informacion sobre El uroEl uro, o auroch, como se denominaba igualmente en ciertas regiones de Europa. El uro era un bóvido salvaje, del cual descenderían la casi totalidad de las especies actuales de ganado vacuno.

1627. Extinción del Uro

Originalmente el uro (Bos Taurus Primigenius) se distribuía por toda Europa, norte de África, y el Medio y Lejano Oriente. El uro habitaba en bosques y llanuras, preferentemente abundantes en agua y arbustos, por cuanto, como es de suponer, eran animales íntegramente herbívoros.

En el uro macho, la altura en la cruz era de 1,60 a 1,80 metros, pero se tienen registros fósiles de ejemplares de hasta los dos metros. En las hembras, esta medida no sobrepasaba los 150 centímetros. El rasgo más llamativo del uro macho eran sus prominentes cuernos doblados hacia arriba, con las puntas negras. En las hembras, éstos eran casi inapreciables a simple vista. En cuanto a su pelaje, era similar al de un toro de lid.

Como la mayoría de los ungulados, eran gregarios, agrupándose en extensas manadas, encabezadas por los machos y protegiendo a sus crías de sus depredadores naturales, que variaban según la zona en que vivían: así, en África y Asia eran los grandes felinos, mientras que en Europa eran los lobos y osos. De seguro entre uros y dichos depredadores debían librarse batallas similares a las que hoy enfrentan a leones y ñues o búfalos del cabo. Sólo al final de su vida, los machos abandonaban la manada, seguramente expulsados de ella por los jóvenes, en competencia por las hembras.

Por crónicas de los siglos XVI y XVII, se presume que el estro se producía a finales del verano boreal y el período de gestación de las crías duraba entre ocho y nueve meses.

Por siglos se pensó que el uro y el bisonte europeo-dicho sea de paso, también al borde de le extinción-eran variaciones de una misma especie. Tras el detallado análisis de registros fósiles de ambos, se ha comprobado que no es así.

Al igual que la moa o el pájaro elefante, hablamos de una especie de origen prehistórico, que surgió con todas sus características hace no menos de dos millones de años. Presumiblemente dicho origen se situaría en la India, desde donde paulatinamente se extendieron hasta las costas mediterráneas, incluyendo la Península Ibérica. Esto nos hace pensar en la gran capacidad migratoria que habría tenido este animal. De hecho, hace un cuarto de millón de años ya habitaban el centro de Europa y al término de las grandes glaciaciones se diseminaban por todo el Viejo Continente, abarcando también el Reino Unido y los países escandinavos. Era la época en que el uro convivía con mammuts y megaterios y escapaba del tigre dientes de sable. En esta época también se lo encontraba en todo Medio Oriente y China, en Manchuria, al igual que en el extremo norte de África. Diversas pinturas rupestres así lo atestiguan.

Con propiedad se habla hoy de tres “subespecies” : el de Europa, el de África y el de Asia, siendo ésta última, según lo dicho, la primigenia.

Ya el aumento de las temperaturas del Holoceno fue constriñendo sus fronteras, fundamentalmente al Continente Europeo, lugar donde poco a poco se lo fue domesticando, factor clave en la disminución de sus poblaciones, pues a medida que se iba adaptando al medio de vida doméstico, su morfología original, dotada para la vida salvaje, fue variando: así, los vistosos cuernos del macho perdieron sentido, por ejemplo. Vale decir, mientras mayor era su domesticación, mayor era la alteración de la especie primitiva.

A la par de ello, desde la Prehistoria misma se lo cazó por su carne, pues pese a sus dimensiones, era un animal herbívoro que poco podía hacer frente a las lanzas, y en lo que es un triste factor común en la extinción de las diversas especies tratadas aquí, se talaron indiscriminadamente sus bosques y aún los arbustos de que se alimentaba. Por si fuera poco, en la Roma Imperial se lo utilizaba en bacanales y exhibiciones de circo, donde habría perecido un número no menor de ejemplares.

Desde la Baja Edad Media sólo vivía en el corazón de Europa, y ya en el siglo XVII, tan sólo en su último refugio: Polonia, único lugar donde se intentó hacer “algo” para evitar su inexorable desaparición: así, se declaró que su caza era un privilegio real y desde fines del siglo XVI, se los censó. Es por este último detalle que sabemos que en 1566 apenas quedaban 24 uros contabilizados y a comienzos del siglo XVII, cinco, a los que, aparentemente, ni siquiera se los intentó proteger, a fin de que se cruzaran y generaran descendencia.

El último ejemplar del cual se tuvo registro fue una hembra, que falleció en 1627. Desde ahí, ningún registro histórico-científico certifica su existencia.

En muchos museos se conservan esqueletos de este animal, ya sea fragmentos o completos, y aún, pieles.

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